La revisión nocturna

El zumbido de la oficina había desaparecido, solo quedaba el tenue sonido de las luces. Ella fingía organizar archivos, pero su atención estaba en él—su jefe.

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La revisión nocturna

El zumbido de la oficina había desaparecido hacía tiempo, reemplazado por el tenue sonido de las luces fluorescentes sobre sus cabezas. Ella permanecía en su escritorio, fingiendo organizar archivos, pero su atención estaba en otra parte—en él. El Sr. Carter, su jefe, estaba de pie en el umbral de su oficina, recortado contra la cálida luz de su lámpara de escritorio. Su corbata estaba aflojada, las mangas arremangadas, y sus ojos oscuros clavados en los de ella con una intensidad que le retorcía el estómago.

'¿Sigues aquí?' Su voz era baja, casi casual, pero había un dejo en ella que le hizo estremecerse. Ella asintió, apretando la carpeta entre sus manos con más fuerza. 'Estaba terminando', mintió, su voz apenas un susurro.

Él se acercó, sus zapatos lustrosos resonando en el suelo de baldosas. 'Bien', dijo, mientras sus ojos recorrían su cuerpo. 'Porque necesito repasar tu evaluación de desempeño.'

Su respiración se cortó. La manera en que lo dijo—lento, deliberado—le pareció una caricia. Sabía que esto ya no era sobre trabajo. El aire entre ellos chispeaba con una tensión no dicha, la clase que había estado construyéndose por meses. Tragó saliva con dificultad y lo siguió hasta su oficina, con el corazón acelerado.

Cerró la puerta detrás de ella, el clic de la cerradura acelerando su pulso. La habitación estaba tenuemente iluminada, el aroma de su colonia envolviéndola como un cálido abrazo. Se apoyó contra el escritorio, con los brazos cruzados, mirándola con un hambre que reflejaba el suyo propio. 'Has estado... excepcional últimamente', comenzó, su tono cargado de sugerencia. 'Pero creo que debemos discutir áreas de mejora.'

Sus mejillas ardieron mientras se acercaba, incapaz de resistir la atracción magnética entre ellos. '¿Y cuáles serían esas?', preguntó, con la voz temblorosa.

Él extendió la mano, sus dedos rozando su muñeca antes de deslizarse por su brazo, dejando una estela de fuego. 'Tu atención al detalle', murmuró, sus labios rozando su oreja. 'Podría usar un poco más de... enfoque.'

Un gemido suave escapó de ella cuando sus manos encontraron su cintura, atrayéndola contra él. Podía sentir el calor de su cuerpo, la dureza de su pecho presionándola. Sus labios se apoderaron de los suyos, posesivos y exigentes, y ella se derritió en el beso, sus manos enredándose en su cabello.

La empujó hacia el escritorio, sus manos recorriendo sus curvas mientras profundizaba el beso. Jadeó cuando la alzó hasta el borde, su falda subiéndose por sus muslos. 'Déjame mostrarte cómo mejorar', gruñó, sus manos deslizándose bajo su blusa.

Su respiración se volvió agitada mientras él la exploraba, su tacto encendiendo un fuego que ardía en sus venas. Esto estaba mal—tan mal—pero se sentía tan bien, la manera en que su autoridad se mezclaba con su sumisión, cómo anhelaba cada centímetro de él.

Desabotonó su blusa lentamente, sus ojos sin apartarse de los suyos, y ella se arqueó hacia él, deseando más. 'Sí', susurró, su voz apenas audible. 'Muéstrame.'

Y lo hizo. Sobre el escritorio, contra la pared, y finalmente en el suelo, le mostró exactamente cuánto apreciaba su dedicación. La oficina estaba en silencio excepto por sus gemidos ahogados y el suave crujido de la ropa siendo desechada.

Cuando terminaron, yacían enredados, sus respiraciones entrecortadas, sus cuerpos aún vibrando con los ecos de su pasión. Él apartó un mechón de su rostro, su expresión suavizándose. 'Eres perfecta', dijo, su voz áspera de emoción.

Ella sonrió, su corazón llenándose de una mezcla de satisfacción y anhelo. Esto era más que una simple fantasía de poder en el trabajo—era una conexión, eléctrica e innegable. Y mientras se vestía en la tenue luz de su oficina, supo que esto era solo el principio.

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